William
Kemmler, primera persona ejecutada
en
la silla eléctrica. La escena fue espantosa.
Imagen
de Ernest Clair-Guyot, 1890. Dominio público.
Cada vez que un asesino especialmente despiadado o un
violador reincidente aparece en las noticias, las redes sociales se llenan de
mensajes con una misma exigencia: "Las penas son demasiado
blandas." Pero ¿es realmente así? ¿Debería la ley endurecer
todavía más el castigo para los delitos más graves? ¿Debería, incluso,
aplicarse la pena de muerte?
La presión social
A primera vista, la respuesta parece evidente. Si
alguien ha destruido varias vidas, ¿por qué debería recuperar algún día la
libertad? Muchas personas consideran que determinados delincuentes han
demostrado ser tan peligrosos que la única forma de proteger a la sociedad es
mantenerlos en prisión durante el mayor tiempo posible. Además, creen que las
víctimas y sus familias necesitan sentir que la justicia está a la altura del
sufrimiento que han padecido.
Lo que dicen los expertos
Sin embargo, otros juristas y criminólogos sostienen que
el problema no está en la duración de las condenas. Recuerdan que España ya
impone penas muy severas para los delitos más graves e incluso contempla la
prisión permanente revisable en determinados casos. Según ellos, aumentar
todavía más los años de cárcel tendría un efecto muy limitado sobre la
delincuencia.
¿Por qué? Porque muchos crímenes violentos se cometen de
forma impulsiva, bajo los efectos de las drogas, del alcohol o de emociones
extremas. En esos momentos, el delincuente no suele detenerse a calcular si la
pena será de veinte, treinta o cuarenta años. Lo que realmente disuade, afirman
numerosos expertos, es la certeza de ser descubierto y condenado, no tanto la
magnitud del castigo.
La cuestión moral
Pero la discusión no termina ahí. También existe una
cuestión moral. ¿Debe la justicia centrarse exclusivamente en castigar? ¿O debe
intentar, siempre que sea posible, la rehabilitación del delincuente? ¿Hay
personas que, por la gravedad de sus actos, han perdido para siempre el derecho
a una segunda oportunidad?
Por el lado contrario, también hay quien piensa que las
víctimas y sus allegados merecen una compensación moral adecuada al daño que
han recibido. Y una condena escasa genera en ellos una enorme frustración y un
gran padecimiento.
En la novela negra
La novela negra lleva décadas explorando estos dilemas.
Muchos de sus mejores personajes —policías, jueces, fiscales e incluso
asesinos— viven atrapados entre la ley y el deseo de hacer justicia. Como
lectores, a menudo sentimos que una condena resulta insuficiente... o, por el contrario,
que la venganza nunca puede sustituir a la justicia.
El debate está servido: ¿Deberían endurecerse las penas para los
delitos más graves? ¿O bien el verdadero problema no está en la duración de las
condenas, sino en la eficacia de las investigaciones policiales y del sistema
judicial?
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