viernes, 1 de mayo de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

¿Existen los niños psicópatas?

 

Imagen: Mary Bell, tras su detención.

Policía del Reino Unido, 1968.

 

La idea de un niño psicópata resulta, para muchos, profundamente perturbadora. La infancia suele asociarse con inocencia, aprendizaje y desarrollo emocional. Sin embargo, algunos casos reales desafían esa imagen y plantean preguntas incómodas: ¿puede un niño carecer de empatía? ¿Es posible hablar de psicopatía en edades tempranas? Uno de los casos más impactantes que alimenta este debate es el de Mary Bell.

 

Los hechos

Mary Bell tenía apenas 11 años cuando, en 1968, fue responsable de la muerte por estrangulación de dos niños pequeños en Newcastle (Inglaterra). El primero, Martin Brown, de 4 años de edad, y el segundo, Brian Howe, varios meses después, de 3. La brutalidad de los hechos (además de asesinarlo, acuchilló el cuerpo y mutiló los genitales del segundo de ellos) conmocionó a la sociedad británica, no solo por la violencia en sí, sino por la edad de la autora. ¿Cómo podía una niña cometer actos así?

 

¿Existe la psicopatía infantil?

El concepto de “psicopatía infantil” es controvertido. En psicología, se evita diagnosticar psicopatía como tal en menores, prefiriéndose términos como “trastorno de conducta” o “rasgos callous-unemotional” (insensibilidad emocional). Estos rasgos incluyen falta de empatía, escasa culpa y comportamientos manipuladores. No obstante, el cerebro infantil está aún en desarrollo, especialmente en áreas clave para el control de impulsos y la regulación emocional, lo que complica cualquier diagnóstico definitivo.

 

Las vivencias de una niña

El caso de Mary Bell no puede entenderse sin analizar su entorno. Creció en un ambiente profundamente disfuncional: abandono, violencia y abuso marcaron su infancia desde muy temprana edad. Su madre, alcohólica, drogadicta y prostituta, la tuvo con 15 años y ejerció maltrato físico y psicológico sobre Mary. Incluso, trató de asesinarla en varias ocasiones. Y, por si lo anterior fuera poco, abusó sexualmente de ella y la prostituyó con sus clientes desde que Mary tuvo cuatro años de edad.

 

Este contexto resulta clave, ya que muchos expertos sostienen que los comportamientos violentos en niños son, en gran medida, una respuesta a experiencias traumáticas extremas.

 

¿Cómo era Mary Bell?

Sin embargo, lo que hace especialmente inquietante el caso es la aparente frialdad que Mary mostró tras los crímenes. En uno de ellos, incluso dejó una nota burlona cerca del cuerpo. Nunca mostró el menor arrepentimiento ni pesar por lo que hizo. Este tipo de conductas alimenta la percepción de una personalidad carente de empatía, rasgo comúnmente asociado con la psicopatía.

 

De hecho, durante el juicio, los psiquiatras que la examinaron afirmaron que Mary tenía los clásicos síntomas de una psicopatía: falta de empatía, arrepentimiento y afecto, frialdad, capacidad de manipulación, narcisismo...

 

¿Existen o no?

La respuesta no es sencilla. Más que hablar de psicopatía en sentido estricto, la evidencia apunta a que algunos niños pueden desarrollar patrones de conducta extremadamente preocupantes cuando confluyen factores biológicos y ambientales adversos. En otras palabras, no nacen necesariamente “malvados”, pero pueden llegar a comportarse de forma alarmante si crecen en condiciones profundamente dañinas.

 

¿Qué podemos hacer con ellos?

El caso de Mary Bell también abre una cuestión ética y social: ¿cómo debe responder la justicia ante un menor que comete un crimen grave? Mary fue condenada a cadena perpetua en un centro educativo, pero tras 12 años fue liberada y protegida bajo anonimato, lo que refleja un intento de equilibrar castigo y rehabilitación. Que se sepa, no volvió a cometer delitos graves. Su domicilio y nombre actuales son secretos y ha sido madre y abuela.

 

En definitiva, más que ofrecer respuestas cerradas, casos como este nos obligan a mirar de frente una realidad incómoda: la infancia no siempre es sinónimo de inocencia, y comprender estos fenómenos requiere ir más allá del miedo, explorando las complejas raíces del comportamiento humano.