miércoles, 2 de septiembre de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

Perfilado criminal, en la novela negra y en la realidad

 

Imagen: Sander Sammy en Unsplash

 

«El asesino tiene entre treinta y cuarenta años, vive solo, trabaja en un empleo poco cualificado y sufrió abusos durante su infancia».

 

En la novela negra

El detective acaba de examinar la escena del crimen durante unos minutos y ya parece saber quién está detrás del asesinato. En muchas novelas negras, el perfilador criminal funciona así: observa unas fotografías, analiza unos cuantos detalles y construye ante nuestros ojos el retrato psicológico del asesino.

 

Es un recurso narrativo magnífico. Y, precisamente por eso, conviene preguntarse cuánto tiene de realidad.

 

En la realidad

En la investigación policial, el perfilado criminal no es una bola de cristal. No sirve para identificar directamente a una persona, sino para elaborar hipótesis sobre las características que podría tener el autor de un delito.

 

El proceso comienza con los hechos. Se estudia minuciosamente la escena: cómo fue cometido el crimen, qué hizo el autor, qué pudo pretender, cuánto parece haber planificado y cómo se comportó antes, durante y después.

 

También se analiza la relación con la víctima: ¿fue elegida al azar?, ¿existía algún vínculo?, ¿había alguna característica que la hiciera especialmente vulnerable?

 

Todos esos elementos pueden proporcionar pistas sobre el comportamiento y la personalidad del autor. Pero una pista no es una certeza. El perfil puede sugerir determinadas características, pero después deben comprobarse mediante pruebas, testimonios y otras líneas de investigación.

 

Errores en la novela negra

La ficción suele cometer varios errores al convertir este procedimiento en literatura.

 

El primero es la precisión casi sobrenatural. El perfilador no debería poder deducir a partir de una huella o de la posición de un cadáver que el asesino tiene exactamente determinada edad, profesión o estado civil.

 

Otro error frecuente es pensar que todo asesino tiene un trauma oculto. El pasado del criminal puede ser relevante, pero la realidad es bastante más compleja que la ecuación «infancia desgraciada = futuro asesino».

 

Y hay un tercer error especialmente peligroso: confundir un perfil psicológico con una identificación. Que una persona encaje en determinadas características no demuestra que sea culpable. El perfilado orienta la investigación; no sustituye a las pruebas.

 

Un recurso interesante

Entonces, ¿debemos renunciar al brillante perfilador de las novelas?

En absoluto. La novela negra no tiene por qué reproducir un informe policial. Puede utilizar el perfilado para crear tensión, introducir sospechosos o conducir al investigador hacia una pista inesperada.

 

Lo importante es que, detrás de esa aparente intuición genial, haya algo que resulte creíble: observación, conocimiento del comportamiento humano, experiencia y razonamiento.

 

Porque quizá el verdadero misterio no sea cómo el investigador consigue adivinar quién es el asesino, sino cómo consigue descubrirlo mediante el razonamiento lógico.