lunes, 1 de junio de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

La coartada, en la realidad y en la novela negra

 

Imagen: Yahor Urbanovich,

en unsplash

 

La coartada es uno de los pilares tanto de la investigación criminal real como de la novela negra.

 

En esencia, consiste en una explicación que sitúa a una persona en un lugar distinto al del delito en el momento en que este se cometió. Por tanto, su existencia implica la imposibilidad de la participación física del imputado en aquellos crímenes en los que la presencia sea un elemento esencial para determinar la culpabilidad. Sin embargo, no elimina su posible participación en otras modalidades de implicación, como la de inductor.

 

En la práctica, tanto su construcción como su verificación están llenas de matices.

 

La coartada en la realidad de la investigación policial

En el ámbito real, verificar una coartada implica contrastarla con pruebas externas. No basta con que alguien diga “estaba en casa viendo la televisión”. Los investigadores buscan confirmaciones independientes: registros de cámaras de seguridad, movimientos bancarios, geolocalización del teléfono móvil, testigos que puedan corroborar la versión o incluso datos de actividad digital.

 

Cuantos más elementos objetivos respalden la coartada, más sólida será. Por el contrario, una coartada sin pruebas externas suele considerarse débil.

 

Los errores en la coartada

Los errores más comunes en las coartadas suelen ser pequeños, pero reveladores.

 

Las inconsistencias temporales —como no poder precisar horarios o contradecir registros verificables— son uno de los fallos más frecuentes. Y, como se ha visto más arriba, también es frecuente que una coartada se derrumbe al confrontarla con una prueba externa y real, como la ubicación del móvil, la grabación de una cámara con cuya existencia no había contado el delincuente o el testimonio de otra persona.

 

Por otra parte, se investigan con más detalle las coartadas demasiado elaboradas: cuando alguien ofrece una historia excesivamente detallada y perfectamente ordenada, puede levantar sospechas, ya que la memoria real suele ser fragmentaria.

 

Otro indicio de falsedad es la dependencia de cómplices, familiares o amigos: si la coartada se apoya únicamente en el testimonio de personas cercanas, su credibilidad disminuye, especialmente si estos tienen motivos para mentir.

 

En la novela negra

En la novela negra, la coartada se convierte en una herramienta narrativa de primer orden. No solo sirve para despistar al lector, sino también para construir tensión y desarrollar personajes. Los autores juegan con coartadas aparentemente irrefutables que, poco a poco, muestran grietas.

 

A menudo, el detective descubre que la clave no está en una gran mentira, sino en un detalle insignificante: un billete de transporte mal fechado, una llamada que nunca se realizó o un testigo que recuerda algo ligeramente distinto.

 

Además, la ficción permite explorar coartadas más sofisticadas que en la vida real, incorporando giros sorprendentes o conspiraciones complejas. Sin embargo, las mejores novelas negras suelen mantener un equilibrio: las coartadas deben ser ingeniosas, pero también plausibles. Si el lector siente que la resolución es arbitraria, la historia pierde fuerza.

 

En definitiva, la coartada es mucho más que una simple excusa. Es un mecanismo que pone a prueba la lógica, la memoria y la capacidad de observación, tanto en la realidad como en la ficción. Y, como bien sabe cualquier lector de novela negra, una buena coartada no es la que parece perfecta, sino la que resiste todas las preguntas.