sábado, 1 de agosto de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

¿Debe haber penas mayores para los delitos más graves?

 

William Kemmler, primera persona ejecutada

en la silla eléctrica. La escena fue espantosa.

Imagen de Ernest Clair-Guyot, 1890. Dominio público.


Cada vez que un asesino especialmente despiadado o un violador reincidente aparece en las noticias, las redes sociales se llenan de mensajes con una misma exigencia: "Las penas son demasiado blandas." Pero ¿es realmente así? ¿Debería la ley endurecer todavía más el castigo para los delitos más graves? ¿Debería, incluso, aplicarse la pena de muerte?

 

La presión social

A primera vista, la respuesta parece evidente. Si alguien ha destruido varias vidas, ¿por qué debería recuperar algún día la libertad? Muchas personas consideran que determinados delincuentes han demostrado ser tan peligrosos que la única forma de proteger a la sociedad es mantenerlos en prisión durante el mayor tiempo posible. Además, creen que las víctimas y sus familias necesitan sentir que la justicia está a la altura del sufrimiento que han padecido.

 

Lo que dicen los expertos

Sin embargo, otros juristas y criminólogos sostienen que el problema no está en la duración de las condenas. Recuerdan que España ya impone penas muy severas para los delitos más graves e incluso contempla la prisión permanente revisable en determinados casos. Según ellos, aumentar todavía más los años de cárcel tendría un efecto muy limitado sobre la delincuencia.

 

¿Por qué? Porque muchos crímenes violentos se cometen de forma impulsiva, bajo los efectos de las drogas, del alcohol o de emociones extremas. En esos momentos, el delincuente no suele detenerse a calcular si la pena será de veinte, treinta o cuarenta años. Lo que realmente disuade, afirman numerosos expertos, es la certeza de ser descubierto y condenado, no tanto la magnitud del castigo.

 

La cuestión moral

Pero la discusión no termina ahí. También existe una cuestión moral. ¿Debe la justicia centrarse exclusivamente en castigar? ¿O debe intentar, siempre que sea posible, la rehabilitación del delincuente? ¿Hay personas que, por la gravedad de sus actos, han perdido para siempre el derecho a una segunda oportunidad?

 

Por el lado contrario, también hay quien piensa que las víctimas y sus allegados merecen una compensación moral adecuada al daño que han recibido. Y una condena escasa genera en ellos una enorme frustración y un gran padecimiento.

 

En la novela negra

La novela negra lleva décadas explorando estos dilemas. Muchos de sus mejores personajes —policías, jueces, fiscales e incluso asesinos— viven atrapados entre la ley y el deseo de hacer justicia. Como lectores, a menudo sentimos que una condena resulta insuficiente... o, por el contrario, que la venganza nunca puede sustituir a la justicia.

 

El debate está servido: ¿Deberían endurecerse las penas para los delitos más graves? ¿O bien el verdadero problema no está en la duración de las condenas, sino en la eficacia de las investigaciones policiales y del sistema judicial?