miércoles, 1 de abril de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

Foto del autor

 

La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

Locura y crimen

 

Detalle de

Alegoría con Venus y Cupido,

de Bronzino. Dominio público.

 

En la novela negra, solemos imaginar al asesino como un ser cuya mente habita en un lugar oscuro y distorsionado. Sin embargo, cuando cruzamos la frontera entre la ficción y la realidad, la relación entre la locura y el crimen es mucho más compleja y menos notoria de lo que sugieren los titulares sensacionalistas.

 

¿Qué entendemos por "locura"?

El término "locura" es más coloquial o literario que clínico. En psiquiatría forense se habla de trastornos mentales graves, como la esquizofrenia, que pueden alterar la percepción de la realidad.

 

No obstante, es vital diferenciar entre la psicopatía, que es solo un trastorno de la personalidad y no se corresponde con una verdadera "locura", y la psicosis, donde el juicio se fractura por completo y se pierde el contacto con la realidad. Esta última se correspondería con el término "locura", y quienes la padecen no son penalmente imputables.

 

El mito de las cifras

Si definimos la "locura" como el padecimiento de algún trastorno mental severo, las estadísticas globales indican que afecta aproximadamente al 1% de la población. Si ampliamos el espectro a trastornos de ansiedad o depresión moderada, la cifra sube drásticamente, pero estos últimos rara vez están vinculados a conductas violentas.

 

La estadística frente al prejuicio

Contrario a la creencia popular, los datos son contundentes: las personas con enfermedades mentales tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia que perpetradores de ella. Estudios criminológicos sugieren que menos del 5% de los actos violentos en la sociedad son atribuibles a individuos con enfermedades mentales graves. La mayoría de los delitos son cometidos por personas "cuerdas" y están motivados por factores sociales, económicos o emocionales.

 

¿Y en los crímenes más graves?

En casos de homicidios seriales o crímenes de extrema crueldad, la presencia de trastornos psicóticos sigue siendo minoritaria. Aquí entra en juego la triada oscura: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Estos individuos no están "locos" en el sentido de perder el contacto con la realidad; al contrario, son fríamente conscientes de su entorno. Y penalmente imputables.

 

El papel de la locura en la novela negra

Para nosotros, los amantes del género, la locura es un recurso narrativo fascinante. Nos permite explorar la fragilidad de la psique y crear antagonistas impredecibles. Sin embargo, la mejor novela negra moderna huye del cliché del "loco peligroso" para centrarse en la patología de la sociedad.