domingo, 1 de noviembre de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

¿Quién es más culpable, el criminal o la sociedad?

 

Christa Pike, de niña y de adulta

(Dominio público)

 

Esta pregunta nos la hace la novela negra una y otra vez. Y también nos la hacemos los lectores.

 

La respuesta más sencilla es también la más tranquilizadora: el criminal es el culpable. Esa persona toma una decisión y debe responder por ella. Punto.

 

Pero quizá las cosas no sean tan sencillas.

 

Una mirada necesaria a la infancia

Pensemos en un niño que crece entre golpes, abusos, abandono y violencia. Nadie le protege. Nadie le enseña otra forma de relacionarse con los demás. Aprende que la violencia forma parte de la vida y que el más fuerte es quien impone las reglas.

 

Años después, ese niño se convierte en un adulto y comete un crimen. ¿Es solamente responsabilidad suya?

 

Naturalmente, haber sufrido abusos no convierte a nadie en asesino. Millones de personas sufren infancias terribles y jamás hacen daño a los demás. Utilizar el pasado de un delincuente como justificación de sus actos sería insultar a sus víctimas.

 

Pero una cosa es justificar un crimen y otra muy distinta intentar comprender de dónde procede.

 

Un ejemplo actual y terrible: Christa Pike

El caso de Christa Pike, de triste actualidad por la terrible ejecución de su pena de muerte, resulta especialmente perturbador.

 

En 1995, Pike, que tenía 18 años, participó en el asesinato de su compañera de trabajo Colleen Slemmer. El crimen fue brutal, y Pike fue condenada a muerte. La historia podría terminar ahí: una joven asesina a otra joven y recibe la máxima condena posible. Pero existe otra historia detrás.

 

Pike había sufrido desde su infancia abusos sexuales, violencia y abandono. Sus defensores han sostenido durante años que esas circunstancias, junto con sus problemas psicológicos, no fueron presentadas adecuadamente ante el jurado que decidió su condena.

 

Y si...

Entonces aparece una pregunta mucho más difícil: ¿Habría sido diferente la decisión del jurado si hubiera conocido toda esa historia? No sabemos la respuesta, y ya nunca la sabremos.

 

Y quizá tampoco podamos saber nunca dónde termina la responsabilidad individual y dónde empieza la responsabilidad colectiva. Porque si una sociedad permite que un niño sea maltratado durante años, ¿puede después limitarse a señalarle con el dedo cuando ese niño, convertido en adulto, se convierte en un delincuente?

 

Opiniones contrapuestas... y una opinión de consenso

Hay quien responderá que sí. Que cada persona es responsable de sus actos y que convertir a la sociedad en culpable solo sirve para quitar responsabilidad al criminal.

 

Otros dirán que la sociedad tiene una responsabilidad previa: detectar los abusos, proteger a los menores, ofrecer tratamiento psicológico y evitar que determinadas personas lleguen a convertirse en víctimas y, posteriormente, en verdugos.

 

¿Quién tiene razón? Quizá ambas partes.

 

El criminal debe responder por lo que hace. Pero eso no significa que debamos dejar de preguntarnos qué ocurrió antes.

 

Novela policiaca y novela negra

Y ahí está, precisamente, una de las grandes diferencias entre el simple relato de un crimen y la novela negra.

 

En la novela policiaca nos limitamos a preguntar quién lo hizo. En la novela negra, además, queremos saber más cosas: por qué lo hizo y quién o quiénes son los responsables del crimen. Y a veces la respuesta resulta mucho más incómoda que el propio crimen.

 

Porque quizá un delincuente sea responsable de su delito, pero tal vez la sociedad también tenga que preguntarse si, en algún momento anterior, pudo haber hecho algo para evitar que ese delito llegara a producirse.

 

Y ahora, el debate

¿Creéis que un criminal es únicamente responsable de sus actos, independientemente de la vida que haya llevado? ¿O pensáis que una infancia marcada por abusos, violencia y abandono debería tener un peso mucho mayor a la hora de juzgar a esa persona?

 

Trata de responder tú a esa pregunta.