domingo, 12 de julio de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

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La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.

 

¿Qué mueve a un hombre a matar a su pareja?

 

Imagen: Fillipe Gomes en pexels.com


¿Qué lleva a una persona a asesinar a quien decía amar? No existe una única respuesta.

 

Factores que llevan a ello

Los especialistas en criminología, psicología y violencia de género coinciden en que estos crímenes suelen ser el resultado de una combinación de factores:

            - Celos patológicos.

            - Deseo de control sobre la pareja.

            - Incapacidad para aceptar una ruptura sentimental.

            - Determinados trastornos de personalidad en el hombre.

            - Escalada de la violencia. Rara vez un asesinato de pareja surge de la nada. Antes suele darse una escalada: gritos, amenazas, control excesivo, maltrato psicológico y agresiones físicas.

            - Ciertas circunstancias: abuso de alcohol o drogas, problemas económicos, conflictos familiares o situaciones de estrés extremo.

 

Posesión, posesión, posesión: Mi pareja es mía

Es, probablemente, el sentimiento subyacente más importante por parte del asesino. El agresor considera a su pareja como una posesión y percibe la separación como una humillación insoportable. Con el paso del tiempo, la tensión aumenta hasta desembocar en un desenlace trágico.

 

¿Y después?

Uno de los aspectos más llamativos es que algunos de estos asesinos terminan quitándose la vida después del crimen. Los criminólogos han señalado diversas explicaciones posibles. En ocasiones, el suicidio responde al derrumbe psicológico tras el asesinato; en otras, a la imposibilidad de afrontar las consecuencias penales y sociales de sus actos. También existen casos en los que el agresor concibe el crimen y el suicidio como parte de un mismo plan destructivo.

 

El caldo de cultivo

Parece obvio que todo lo anterior crece con fuerza gracias al machismo que sigue imperando en nuestra sociedad. Por suerte, en lenta regresión, pero todavía muy presente. Porque está claro que para poseer hay que partir de que quien posee es el ser superior, y el poseído es el inferior.

 

Cuestiones que parecen muy alejadas del asesinato machista, como la diferencia salarial, que el primer apellido del hijo sea casi siempre el del padre o, incluso, que nuestra constitución ponga al varón como heredero prioritario frente a la mujer (Art. 57: " La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida (...) el varón a la mujer"), no son más que ejemplos de por dónde se empieza. Y ya sabemos dónde se acaba.

 

Prevención y protección

Cada uno de estos sucesos recuerda una realidad incómoda: detrás de muchos crímenes de pareja no hay un impulso repentino, sino un proceso previo de control, dominación y deterioro emocional. Comprender esos mecanismos resulta esencial para la prevención.

 

Por tanto, la prevención debe incluir una doble vía: educación y protección. La primera puede tener efectos, pero únicamente a medio y largo plazo, y solo si se hace bien. La protección, tanto legal como en la provisión a las instituciones de los medios suficientes, es necesaria desde ya para tratar de reducir una plaga que ha supuesto 297 asesinatos en los últimos 6 años. Y ese número indica que las cosas no se están haciendo bien.

 

Y, lo que es peor, son cifras que no bajan, sino que se estabilizan o muestran una lenta progresión. Además, el asesinato es solo la punta del iceberg, porque cuántos "¡vaya mierda de comida que me has preparado!" no suben a los telediarios, pero producen tantísimo dolor.