domingo, 1 de febrero de 2026

Errores de técnicas policiales en la novela negra

 

Portada de Detective Book, 1949

Dominio público

 

La novela negra se sostiene sobre un pacto tácito con el lector: todo puede ser oscuro, violento o moralmente ambiguo, pero debe resultar creíble. Cuando las técnicas policiales se alejan demasiado de la realidad, ese pacto se resquebraja. Muchos errores se repiten una y otra vez, heredados del cine, la televisión o de otras novelas, y conviene revisarlos si queremos construir historias sólidas.

 

Estos son algunos de los errores más comunes que aparecen en novelas negras:

 

1. La rapidez milagrosa de las pruebas forenses
Uno de los fallos más habituales es el tiempo. En la ficción, una autopsia completa, un análisis toxicológico o una prueba de ADN se resuelven en horas. En la realidad, estos procesos pueden tardar días o semanas, sobre todo si el laboratorio está saturado. Aunque en ocasiones conviene falsear estos u otros plazos para dar agilidad a la novela, la espera forma parte esencial de las investigaciones reales.

 

2. El inspector todopoderoso
El detective que lo hace todo sigue siendo un clásico: interroga, persigue, analiza pruebas, consulta bases de datos y decide estrategias legales. En la práctica, la investigación es un trabajo coral y muy jerarquizado, dirigido por el juez o el fiscal, dependiendo del país de que se trate. Exagerar la autonomía del protagonista no solo es poco realista, sino que elimina conflictos narrativos muy ricos: choques entre departamentos, órdenes contradictorias o errores burocráticos.

 

3. Interrogatorios sin abogados ni garantías
El interrogatorio agresivo y sin límites sigue apareciendo con frecuencia. En la mayoría de sistemas judiciales modernos, cualquier confesión obtenida bajo presión o sin garantías sería anulada. Las entrevistas reales son largas, técnicas y, a menudo, frustrantes.

 

4. Tecnología mal entendida o exagerada
Geolocalizaciones exactas, reconocimiento facial infalible o el hackeo instantáneo de un móvil son errores frecuentes. La tecnología policial existe, pero depende de autorizaciones judiciales, tiene márgenes de error y genera enormes cantidades de datos inútiles.

 

5. Jurisdicciones ignoradas
Otro error común es que los personajes actúen libremente fuera de su ámbito legal: policías locales investigando crímenes federales, agentes cruzando fronteras sin cooperación oficial o registros realizados sin orden judicial. Estas restricciones pueden parecer un obstáculo narrativo, pero dan realismo a la novela.

 

6. Uso incorrecto o excesivo del arma de fuego por parte de la policía
En muchas novelas, los policías desenfundan con ligereza, disparan sin consecuencias y rara vez rinden cuentas. En la realidad, cada uso del arma de fuego implica informes, investigaciones internas y posibles sanciones. El miedo a disparar —y a lo que viene después— es un elemento de la realidad que suele ignorarse.

 

7. El exceso de intuición frente al trabajo rutinario
La “corazonada genial” que resuelve el caso es un recurso tentador, pero abusar de ella debilita la historia. La investigación real se apoya en tareas repetitivas, revisión de informes, vigilancia y, sobre todo, mucha paciencia.

 

8. Cadáveres demasiado elocuentes
En la ficción, el cuerpo parece contar siempre una historia clara. En la realidad, muchas muertes dejan más preguntas que respuestas, y las conclusiones forenses suelen ser probabilísticas, no absolutas. La ambigüedad es mucho más frecuente que la certeza.

 

9. El cierre perfecto del caso
Por último, la obsesión por atarlo todo suele contaminar la novela negra. La vida real ofrece finales incompletos, culpables que no pagan por lo que hicieron o verdades incómodas que no salen a la luz. Es decir, cicatrices abiertas.

 

Conocer las técnicas policiales reales por parte del escritor no limita la creatividad: la afina y potencia. Y en un género tan exigente como la novela negra, ese respeto por la realidad suele marcar la diferencia entre una historia simplemente correcta y una que permanece en la memoria del lector.

 


viernes, 16 de enero de 2026

¿Qué es la novela negra realista?

 

 

Foto del autor

 

La novela negra tradicional

 Aunque hay excepciones, la novela negra tradicional (y, más aún, la policiaca) suele presentar en sus páginas una acción trepidante y algo fantasiosa: puñetazos, persecuciones, tiroteos... El protagonista es con frecuencia un joven guapo, musculoso, inteligente y seductor. Y, como buen seductor que es, necesita que aparezca la chica de turno, en una de dos versiones: o bien en el papel de mujer fatal o en el de chica indefensa necesitada de protección.

 

 El valor principal es la acción y el entretenimiento, y a ellos se subordinan otras cuestiones como la profundidad psicológica de personajes y comportamientos y la credibilidad y coherencia del argumento. Por ello, con frecuencia los personajes resultan un tanto acartonados, ya que el ritmo frenético no permite entretenerse demasiado en conocerlos. Y los finales pueden ser forzados o poco creíbles.

 

 En estas novelas tampoco se obedecen siempre determinadas cuestiones legales, organizativas o de simple lógica. Por ejemplo, un inspector de policía puede investigar un crimen cometido en un pueblo de Castilla, sin que se tenga en cuenta que, en España, la investigación sería competencia de la Guardia Civil y no de la Policía.

 

 La novela negra realista

 Por el contrario, la novela negra realista, sin renunciar en absoluto a entretener con un argumento apasionante, crea una trama lógica y creíble, en la que el comportamiento de los personajes tiene coherencia interna, es decir, que dichos personajes actúan según su forma de ser, su psicología y sus intereses, y no solo para encajar en el guion.

 

 Además, se tienen en cuenta las limitaciones legales y científicas que condicionan la conducta de la policía. Por ejemplo, nunca se verá en una novela negra realista a un inspector recoger pruebas sin cumplir escrupulosamente el protocolo al que le obliga la ley al hacerlo. Porque sabe que, si no lo cumple, esas pruebas serán nulas en un juicio.

 

 Y aquí entramos en un aspecto muy importante: el lector puede aprender en las páginas de la novela negra realista aspectos interesantes de la investigación policial: cuestiones legales, psicológicas, forenses, criminalísticas, organizativas... Por ejemplo, el lector se da cuenta de la importancia de la figura del juez instructor, que es quien dirige las investigaciones de los delitos (en España y en muchos países, aunque en otros es el fiscal), y es una figura que rara vez aparece en la novela negra tradicional.

 

 Por lo anterior, puede decirse que la novela negra realista se acerca mucho al true crime.

 

 Mis libros

 Mis tres primeros libros (El mar infinito y otros relatos, Hija de la nada y La huella de la bestia), aunque tocan temas afines, no son propiamente novelas negras.

 

 Es en la Serie del Inspector Bermúdez, con La tarántula y, sobre todo, la Trilogía de la mujer muerta y la Tetralogía de la niña desaparecida, donde me sitúo de lleno en la novela negra realista. En la trilogía se cuenta en los tres libros una única historia, y otro tanto ocurre con la tetralogía, en cuatro. Son historias largas y apasionantes, de fácil lectura, que os mantendrán muchas horas pegados a sus páginas. Y son pura novela negra realista.

 

 Tanto en la trilogía como en la tetralogía, para estar lo más seguro posible del terreno que piso, he contado con el asesoramiento de una psicóloga, un policía y una abogada. Les envío desde aquí mi agradecimiento por su trabajo y su paciencia.