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¿Qué lleva a una persona a asesinar a quien decía amar? No
existe una única respuesta.
Factores que llevan a ello
Los especialistas en criminología, psicología y violencia de
género coinciden en que estos crímenes suelen ser el resultado de una
combinación de factores:
- Celos
patológicos.
- Deseo de control
sobre la pareja.
-
Incapacidad para aceptar una ruptura sentimental.
-
Determinados trastornos de personalidad en el hombre.
- Escalada
de la violencia. Rara vez un asesinato de pareja surge de la nada. Antes suele
darse una escalada: gritos, amenazas, control excesivo, maltrato psicológico y
agresiones físicas.
- Ciertas
circunstancias: abuso de alcohol o drogas, problemas económicos, conflictos
familiares o situaciones de estrés extremo.
Posesión, posesión,
posesión: Mi pareja es mía
Es, probablemente, el sentimiento subyacente más importante
por parte del asesino. El agresor considera a su pareja como una posesión y
percibe la separación como una humillación insoportable. Con el paso del
tiempo, la tensión aumenta hasta desembocar en un desenlace trágico.
¿Y después?
Uno de los aspectos más llamativos es que algunos de estos
asesinos terminan quitándose la vida después del crimen. Los criminólogos han
señalado diversas explicaciones posibles. En ocasiones, el suicidio responde al
derrumbe psicológico tras el asesinato; en otras, a la imposibilidad de
afrontar las consecuencias penales y sociales de sus actos. También existen
casos en los que el agresor concibe el crimen y el suicidio como parte de un
mismo plan destructivo.
El caldo de cultivo
Parece obvio que todo lo anterior crece con fuerza gracias
al machismo que sigue imperando en nuestra sociedad. Por suerte, en lenta
regresión, pero todavía muy presente. Porque está claro que para poseer hay que
partir de que quien posee es el ser superior, y el poseído es el inferior.
Cuestiones que parecen muy alejadas del asesinato machista,
como la diferencia salarial, que el primer apellido del hijo sea casi siempre el
del padre o, incluso, que nuestra constitución ponga al varón como heredero
prioritario frente a la mujer (Art. 57: " La sucesión en el trono seguirá el orden
regular de primogenitura y representación, siendo preferida (...) el varón a la
mujer"), no son más que ejemplos de por dónde se empieza. Y ya sabemos
dónde se acaba.
Prevención y protección
Cada uno de estos sucesos recuerda una realidad incómoda:
detrás de muchos crímenes de pareja no hay un impulso repentino, sino un
proceso previo de control, dominación y deterioro emocional. Comprender esos
mecanismos resulta esencial para la prevención.
Por tanto, la prevención debe incluir una doble vía:
educación y protección. La primera puede tener efectos, pero únicamente a medio
y largo plazo, y solo si se hace bien. La protección, tanto legal como en la
provisión a las instituciones de los medios suficientes, es necesaria desde ya
para tratar de reducir una plaga que ha supuesto 297 asesinatos en los últimos
6 años. Y ese número indica que las cosas no se están haciendo bien.
Y, lo que es peor, son cifras que no bajan, sino que se
estabilizan o muestran una lenta progresión. Además, el asesinato es solo la
punta del iceberg, porque cuántos "¡vaya mierda de comida que me has
preparado!" no suben a los telediarios, pero producen tantísimo dolor.
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