Imagen: Sander Sammy
en Unsplash
«El asesino tiene entre treinta y cuarenta años, vive solo,
trabaja en un empleo poco cualificado y sufrió abusos durante su infancia».
En la novela negra
El detective acaba de examinar la escena del crimen durante
unos minutos y ya parece saber quién está detrás del asesinato. En muchas
novelas negras, el perfilador criminal funciona así: observa unas fotografías,
analiza unos cuantos detalles y construye ante nuestros ojos el retrato
psicológico del asesino.
Es un recurso narrativo magnífico. Y, precisamente por eso,
conviene preguntarse cuánto tiene de realidad.
En la realidad
En la investigación policial, el perfilado criminal no es
una bola de cristal. No sirve para identificar directamente a una persona, sino
para elaborar hipótesis sobre las características que podría tener el autor de
un delito.
El proceso comienza con los hechos. Se estudia minuciosamente
la escena: cómo fue cometido el crimen, qué hizo el autor, qué pudo pretender,
cuánto parece haber planificado y cómo se comportó antes, durante y después.
También se analiza la relación con la víctima: ¿fue elegida
al azar?, ¿existía algún vínculo?, ¿había alguna característica que la hiciera
especialmente vulnerable?
Todos esos elementos pueden proporcionar pistas sobre el
comportamiento y la personalidad del autor. Pero una pista no es una certeza.
El perfil puede sugerir determinadas características, pero después deben
comprobarse mediante pruebas, testimonios y otras líneas de investigación.
Errores en la novela negra
La ficción suele cometer varios errores al convertir este
procedimiento en literatura.
El primero es la precisión casi sobrenatural. El perfilador
no debería poder deducir a partir de una huella o de la posición de un cadáver
que el asesino tiene exactamente determinada edad, profesión o estado civil.
Otro error frecuente es pensar que todo asesino tiene un
trauma oculto. El pasado del criminal puede ser relevante, pero la realidad es
bastante más compleja que la ecuación «infancia desgraciada = futuro asesino».
Y hay un tercer error especialmente peligroso: confundir un
perfil psicológico con una identificación. Que una persona encaje en
determinadas características no demuestra que sea culpable. El perfilado
orienta la investigación; no sustituye a las pruebas.
Un recurso interesante
Entonces, ¿debemos renunciar al brillante perfilador de las
novelas?
En absoluto. La novela negra no tiene por qué reproducir un
informe policial. Puede utilizar el perfilado para crear tensión, introducir
sospechosos o conducir al investigador hacia una pista inesperada.
Lo importante es que, detrás de esa aparente intuición
genial, haya algo que resulte creíble: observación, conocimiento del
comportamiento humano, experiencia y razonamiento.
Porque quizá el verdadero misterio no sea cómo el
investigador consigue adivinar quién es el asesino, sino cómo consigue
descubrirlo mediante el razonamiento lógico.
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