miércoles, 2 de septiembre de 2026

Perfilado criminal, en la novela negra y en la realidad

 

Imagen: Sander Sammy en Unsplash

 

«El asesino tiene entre treinta y cuarenta años, vive solo, trabaja en un empleo poco cualificado y sufrió abusos durante su infancia».

 

En la novela negra

El detective acaba de examinar la escena del crimen durante unos minutos y ya parece saber quién está detrás del asesinato. En muchas novelas negras, el perfilador criminal funciona así: observa unas fotografías, analiza unos cuantos detalles y construye ante nuestros ojos el retrato psicológico del asesino.

 

Es un recurso narrativo magnífico. Y, precisamente por eso, conviene preguntarse cuánto tiene de realidad.

 

En la realidad

En la investigación policial, el perfilado criminal no es una bola de cristal. No sirve para identificar directamente a una persona, sino para elaborar hipótesis sobre las características que podría tener el autor de un delito.

 

El proceso comienza con los hechos. Se estudia minuciosamente la escena: cómo fue cometido el crimen, qué hizo el autor, qué pudo pretender, cuánto parece haber planificado y cómo se comportó antes, durante y después.

 

También se analiza la relación con la víctima: ¿fue elegida al azar?, ¿existía algún vínculo?, ¿había alguna característica que la hiciera especialmente vulnerable?

 

Todos esos elementos pueden proporcionar pistas sobre el comportamiento y la personalidad del autor. Pero una pista no es una certeza. El perfil puede sugerir determinadas características, pero después deben comprobarse mediante pruebas, testimonios y otras líneas de investigación.

 

Errores en la novela negra

La ficción suele cometer varios errores al convertir este procedimiento en literatura.

 

El primero es la precisión casi sobrenatural. El perfilador no debería poder deducir a partir de una huella o de la posición de un cadáver que el asesino tiene exactamente determinada edad, profesión o estado civil.

 

Otro error frecuente es pensar que todo asesino tiene un trauma oculto. El pasado del criminal puede ser relevante, pero la realidad es bastante más compleja que la ecuación «infancia desgraciada = futuro asesino».

 

Y hay un tercer error especialmente peligroso: confundir un perfil psicológico con una identificación. Que una persona encaje en determinadas características no demuestra que sea culpable. El perfilado orienta la investigación; no sustituye a las pruebas.

 

Un recurso interesante

Entonces, ¿debemos renunciar al brillante perfilador de las novelas?

En absoluto. La novela negra no tiene por qué reproducir un informe policial. Puede utilizar el perfilado para crear tensión, introducir sospechosos o conducir al investigador hacia una pista inesperada.

 

Lo importante es que, detrás de esa aparente intuición genial, haya algo que resulte creíble: observación, conocimiento del comportamiento humano, experiencia y razonamiento.

 

Porque quizá el verdadero misterio no sea cómo el investigador consigue adivinar quién es el asesino, sino cómo consigue descubrirlo mediante el razonamiento lógico.





sábado, 1 de agosto de 2026

¿Debe haber penas mayores para los delitos más graves?

 

William Kemmler, primera persona ejecutada

en la silla eléctrica. La escena fue espantosa.

Imagen de Ernest Clair-Guyot, 1890. Dominio público.


Cada vez que un asesino especialmente despiadado o un violador reincidente aparece en las noticias, las redes sociales se llenan de mensajes con una misma exigencia: "Las penas son demasiado blandas." Pero ¿es realmente así? ¿Debería la ley endurecer todavía más el castigo para los delitos más graves? ¿Debería, incluso, aplicarse la pena de muerte?

 

La presión social

A primera vista, la respuesta parece evidente. Si alguien ha destruido varias vidas, ¿por qué debería recuperar algún día la libertad? Muchas personas consideran que determinados delincuentes han demostrado ser tan peligrosos que la única forma de proteger a la sociedad es mantenerlos en prisión durante el mayor tiempo posible. Además, creen que las víctimas y sus familias necesitan sentir que la justicia está a la altura del sufrimiento que han padecido.

 

Lo que dicen los expertos

Sin embargo, otros juristas y criminólogos sostienen que el problema no está en la duración de las condenas. Recuerdan que España ya impone penas muy severas para los delitos más graves e incluso contempla la prisión permanente revisable en determinados casos. Según ellos, aumentar todavía más los años de cárcel tendría un efecto muy limitado sobre la delincuencia.

 

¿Por qué? Porque muchos crímenes violentos se cometen de forma impulsiva, bajo los efectos de las drogas, del alcohol o de emociones extremas. En esos momentos, el delincuente no suele detenerse a calcular si la pena será de veinte, treinta o cuarenta años. Lo que realmente disuade, afirman numerosos expertos, es la certeza de ser descubierto y condenado, no tanto la magnitud del castigo.

 

La cuestión moral

Pero la discusión no termina ahí. También existe una cuestión moral. ¿Debe la justicia centrarse exclusivamente en castigar? ¿O debe intentar, siempre que sea posible, la rehabilitación del delincuente? ¿Hay personas que, por la gravedad de sus actos, han perdido para siempre el derecho a una segunda oportunidad?

 

Por el lado contrario, también hay quien piensa que las víctimas y sus allegados merecen una compensación moral adecuada al daño que han recibido. Y una condena escasa genera en ellos una enorme frustración y un gran padecimiento.

 

En la novela negra

La novela negra lleva décadas explorando estos dilemas. Muchos de sus mejores personajes —policías, jueces, fiscales e incluso asesinos— viven atrapados entre la ley y el deseo de hacer justicia. Como lectores, a menudo sentimos que una condena resulta insuficiente... o, por el contrario, que la venganza nunca puede sustituir a la justicia.

 

El debate está servido: ¿Deberían endurecerse las penas para los delitos más graves? ¿O bien el verdadero problema no está en la duración de las condenas, sino en la eficacia de las investigaciones policiales y del sistema judicial?