Christa Pike, de niña
y de adulta
(Dominio público)
Esta pregunta nos la hace la novela negra una y otra
vez. Y también nos la hacemos los lectores.
La respuesta más sencilla es también la más
tranquilizadora: el criminal es el culpable. Esa persona toma una decisión y
debe responder por ella. Punto.
Pero quizá las cosas no sean tan sencillas.
Una mirada necesaria a
la infancia
Pensemos en un niño que crece entre golpes, abusos,
abandono y violencia. Nadie le protege. Nadie le enseña otra forma de
relacionarse con los demás. Aprende que la violencia forma parte de la vida y
que el más fuerte es quien impone las reglas.
Años después, ese niño se convierte en un adulto y
comete un crimen. ¿Es solamente responsabilidad suya?
Naturalmente, haber sufrido abusos no convierte a nadie
en asesino. Millones de personas sufren infancias terribles y jamás hacen daño
a los demás. Utilizar el pasado de un delincuente como justificación de sus
actos sería insultar a sus víctimas.
Pero una cosa es justificar un crimen y otra muy
distinta intentar comprender de dónde procede.
Un ejemplo actual y
terrible: Christa Pike
El caso de Christa Pike, de triste actualidad
por la terrible ejecución de su pena de muerte, resulta especialmente
perturbador.
En 1995, Pike, que tenía 18 años, participó en el
asesinato de su compañera de trabajo Colleen Slemmer. El crimen fue brutal, y
Pike fue condenada a muerte. La historia podría terminar ahí: una joven asesina
a otra joven y recibe la máxima condena posible. Pero existe otra historia
detrás.
Pike había sufrido desde su infancia abusos sexuales,
violencia y abandono. Sus defensores han sostenido durante años que esas
circunstancias, junto con sus problemas psicológicos, no fueron presentadas
adecuadamente ante el jurado que decidió su condena.
Y si...
Entonces aparece una pregunta mucho más difícil: ¿Habría
sido diferente la decisión del jurado si hubiera conocido toda esa historia? No
sabemos la respuesta, y ya nunca la sabremos.
Y quizá tampoco podamos saber nunca dónde termina la
responsabilidad individual y dónde empieza la responsabilidad colectiva. Porque
si una sociedad permite que un niño sea maltratado durante años, ¿puede después
limitarse a señalarle con el dedo cuando ese niño, convertido en adulto, se
convierte en un delincuente?
Opiniones
contrapuestas... y una opinión de consenso
Hay quien responderá que sí. Que cada persona es
responsable de sus actos y que convertir a la sociedad en culpable solo sirve
para quitar responsabilidad al criminal.
Otros dirán que la sociedad tiene una responsabilidad
previa: detectar los abusos, proteger a los menores, ofrecer tratamiento
psicológico y evitar que determinadas personas lleguen a convertirse en
víctimas y, posteriormente, en verdugos.
¿Quién tiene razón? Quizá ambas partes.
El criminal debe responder por lo que hace. Pero eso no significa
que debamos dejar de preguntarnos qué ocurrió antes.
Novela policiaca y
novela negra
Y ahí está, precisamente, una de las grandes diferencias
entre el simple relato de un crimen y la novela negra.
En la novela policiaca nos limitamos a preguntar quién
lo hizo. En la novela negra, además, queremos saber más cosas: por qué lo hizo
y quién o quiénes son los responsables del crimen. Y a veces la respuesta
resulta mucho más incómoda que el propio crimen.
Porque quizá un delincuente sea responsable de su delito,
pero tal vez la sociedad también tenga que preguntarse si, en algún momento
anterior, pudo haber hecho algo para evitar que ese delito llegara a
producirse.
Y ahora, el debate
¿Creéis que un criminal es únicamente
responsable de sus actos, independientemente de la vida que haya llevado? ¿O
pensáis que una infancia marcada por abusos, violencia y abandono debería tener
un peso mucho mayor a la hora de juzgar a esa persona?
Trata de responder tú a esa pregunta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario